La culebrilla, una enfermedad causada por el virus varicela-zóster, genera preocupaciones sobre su potencial para propagarse. Este artículo explica si la culebrilla es contagiosa, cómo se transmite el virus y qué precauciones puedes tomar para protegerte a ti mismo y a los demás. Comprender la naturaleza de esta enfermedad te ayuda a gestionar los riesgos.

Entendiendo la culebrilla y el virus varicela-zóster
La culebrilla se desarrolla a partir del virus varicela-zóster, el mismo virus que causa la varicela. Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus permanece latente en los tejidos nerviosos del cuerpo. Años después, el virus puede reactivarse, causando culebrilla. Esta reactivación ocurre normalmente en adultos, especialmente en aquellos mayores de 50 años o con sistemas inmunitarios debilitados. La culebrilla se manifiesta como una erupción cutánea dolorosa, a menudo con ampollas, que generalmente aparece en un lado del cuerpo o la cara.
¿Puede la culebrilla propagarse a otros?
La culebrilla en sí no se propaga de persona a persona. Sin embargo, el virus varicela-zóster puede transmitirse bajo condiciones específicas. Una persona con culebrilla activa puede pasar el virus a alguien que nunca ha tenido varicela o que no ha recibido la vacuna contra la varicela. Esta transmisión no causa culebrilla en la otra persona, pero puede llevar a varicela.
El virus varicela-zóster, que permanece latente en el cuerpo después de una infección de varicela, no siempre se reactiva para causar culebrilla. Aunque el virus se queda en los tejidos nerviosos de por vida, su reactivación depende de varios factores, y no todas las personas que han tenido varicela desarrollarán culebrilla.

¿Quién está en riesgo de contraer el virus?
Ciertos grupos corren un mayor riesgo de contraer el virus varicela-zóster de alguien con culebrilla. Estos grupos incluyen:
- Personas que nunca han tenido varicela: Los individuos sin exposición previa al virus carecen de inmunidad, lo que los hace susceptibles a la varicela si se exponen a la erupción de culebrilla.
- Individuos no vacunados: Aquellos que no han recibido la vacuna contra la varicela están en riesgo de desarrollar varicela si se exponen.
- Personas con sistemas inmunitarios debilitados: Las mujeres embarazadas, los recién nacidos y los individuos con inmunidad comprometida (como aquellos con VIH o en quimioterapia) enfrentan un mayor riesgo de varicela severa si están expuestos.
Una vez que una persona desarrolla varicela, el virus permanece en su cuerpo, lo que puede llevar a culebrilla más adelante en la vida.
¿Cómo ocurre la transmisión?
El virus varicela-zóster se propaga principalmente a través del contacto directo con el líquido de las ampollas de culebrilla. Por ejemplo, si una persona con culebrilla tiene una erupción descubierta y alguien la toca, el virus puede transferirse. Menos comúnmente, el virus puede propagarse a través del contacto con objetos contaminados, como ropa o ropa de cama, aunque esto es raro.
La transmisión por vía aérea no es una preocupación significativa con la culebrilla, a diferencia de la varicela, que se propaga fácilmente mediante tos o estornudos. El virus en la culebrilla se mantiene localizado en la erupción, haciendo que el contacto directo sea el principal medio de transmisión.
A continuación, se presentan algunos ejemplos de situaciones en las que se transmite este virus a otras personas:
- Contacto directo con la erupción: Una persona con culebrilla tiene una erupción activa con ampollas llenas de líquido en su torso. Mientras cambia su vendaje, un familiar toca accidentalmente el líquido de las ampollas con su mano desnuda. Si el familiar no se lava las manos de inmediato y se toca la cara o las mucosas (por ejemplo, ojos, boca), el virus podría ingresar a su cuerpo, potencialmente causando varicela.
- Compartir artículos contaminados por el virus: Una persona con culebrilla duerme en una funda de almohada que entra en contacto con líquido de su erupción descubierta. Más tarde, un niño no vacunado usa la misma funda de almohada antes de que se lave. El virus, presente en la funda de almohada, se transfiere a la piel del niño, aumentando el riesgo de varicela si el virus alcanza un punto de entrada, como un corte o una mucosa.
- Asistir en el cuidado de heridas sin precauciones: Un cuidador ayuda a una persona con culebrilla a aplicar ungüento en su erupción, pero no usa guantes ni se lava las manos afterward. Este cuidador, sin saberlo, se lleva el líquido de las ampollas en las manos y luego toca a una persona no vacunada, como un nieto, transfiriendo el virus a través del contacto entre piel y piel.
- Contacto accidental en un entorno cercano: Una persona con culebrilla tiene una erupción en su brazo, parcialmente cubierta por un vendaje suelto. Mientras está sentada cerca de un amigo que no tiene inmunidad a la varicela, la mano del amigo rozó la erupción expuesta durante una conversación. El contacto directo con el líquido de las ampollas podría transmitir el virus, lo que podría llevar a varicela en el amigo.
El riesgo de transmisión del virus se detiene una vez que las ampollas se secan y forman costras, normalmente dentro de un período de 7 a 10 días.
Previniendo la propagación del virus
Puedes tomar varias medidas para minimizar el riesgo de propagar el virus varicela-zóster de la culebrilla:
- Cubrir la erupción: Mantén la erupción de culebrilla cubierta con vendajes limpios y secos para evitar que otros entren en contacto con el líquido de las ampollas.
- Practicar una buena higiene: Lava las manos con frecuencia, especialmente después de tocar la erupción o cambiar vendajes. Evita compartir toallas, ropa o ropa de cama que puedan haber estado en contacto con la erupción.
- Evadir contacto con personas de alto riesgo: Mantente alejado de personas que no han tenido varicela, están no vacunadas o tienen sistemas inmunitarios debilitados hasta que la erupción haya formado costras.
- Seguir el consejo médico: Consulta a un profesional de la salud para obtener orientación sobre cómo manejar la culebrilla y reducir los riesgos de transmisión de virus.
Si tienes culebrilla, informa a quienes te rodean, especialmente a las personas vulnerables, para que tomen precauciones.
Vacunación e inmunidad
La vacunación juega un papel fundamental en la prevención tanto de la varicela como de la culebrilla. La vacuna contra la varicela, recomendada para niños y adultos no vacunados, reduce el riesgo de contraer el virus varicela-zóster. Para adultos mayores de 50 años, la vacuna contra la culebrilla (Shingrix) disminuye significativamente las probabilidades de desarrollar culebrilla y sus complicaciones.
Si has tenido varicela o has recibido la vacuna contra la varicela, tu riesgo de contraer el virus de una persona con culebrilla es extremadamente bajo. La inmunidad a la varicela generalmente protege contra una infección posterior por el virus varicela-zóster.
¿Qué hacer si estás expuesto a la culebrilla?
Si nunca has tenido varicela ni la vacuna contra la varicela y has tenido contacto con alguien con culebrilla, toma estos pasos:
- Monitorea síntomas: Esté atento a signos de varicela, como fiebre, fatiga o una erupción, que pueden aparecer de 10 a 21 días después de la exposición.
- Busca consejo médico: Contacta a un profesional de la salud rápidamente. Es posible que te recomienden la vacuna contra la varicela dentro de los 3 a 5 días posteriores a la exposición para prevenir o disminuir la gravedad de la infección.
- Considera medicamentos antivirales: En algunos casos, los médicos recetan medicamentos antivirales para reducir el riesgo de complicaciones, especialmente para personas de alto riesgo.
Conceptos erróneos comunes sobre la culebrilla
Existen varios conceptos erróneos que rodean la contagiosidad de la culebrilla. Algunas personas creen que la culebrilla se propaga tan fácilmente como la varicela o que puede causar directamente culebrilla en otros. En realidad, la culebrilla solo transmite el virus varicela-zóster, que causa varicela en individuos susceptibles, no culebrilla. Otro concepto erróneo es que la culebrilla se propaga a través del contacto casual, como abrazar o dar la mano. La transmisión del virus requiere contacto directo con el líquido de la erupción, haciéndola menos contagiosa que la varicela.




